I. El Joker: A cargo de la reconstrucción de la risa
En los suburbios de las ciudades, donde el Tratado de la Seriedad Absoluta aún no lograba filtrar el aire, operaba este primer agente, nuestro querido Joker. No era un anarquista inspirado en los cómics, sino un cirujano plástico clandestino. Su misión era revertir la "atrofia del cigomático", una secuela física de décadas de rostros de mármol (el cigomático es el huesito donde nace la risa en la expresión facial). Con bisturíes oxidados y anestesia vencida, el Joker devolvía a los disidentes la capacidad técnica de sonreír. No buscaba la felicidad, esa era una categoría burguesa prohibida, buscaba la funcionalidad mecánica del gesto prohibido para que el individuo pudiera, al menos, fingir una ironía frente al pelotón de fusilamiento. Era un doctor, eso es cierto, pero en la práctica hacía las veces de Enfermero del Alma, esa categoría preciosa inventada por el tío Charly García hace aproximadamente un siglo.

Comentarios
Publicar un comentario