VIII. El Arlequín: El favorito del público
VIII. El Arlequín: El favorito del público
Tuvieron que pasar cerca de dos décadas para que apareciera un personaje de la Resistencia que resultara del gusto del populacho. No estaba fácil porque el Tratado tenía un velo de seriedad que ya trascendía a las personas, que son las que deberían estar dotadas de ese atributo. La seriedad ya había permeado hasta las profesiones, oficios, plantas, comidas, la medicina y lo más insólito, el clima! Si ya hasta los días se configuraban con neutralidad entre la mañana y la noche.
La instrucción máxima del Alto Canciller, de evitar a toda maldita costa que existiera eventos que perturbaran la paz mental de los ciudadanos, permitió un desarrollo tecnológico ad hoc. Los avances climatológicos hicieron del mundo una constante de condiciones ambientales ideales, y en cada territorio del planeta se podía ejecutar cualquier actividad sin verse perturbado por las inclemencias del clima. Ya no había frío ni calors, ni lluvia odiosa ni sequías bastardas, ni ventorales que rompieran árboles o cortaran las comunicaciones. El Tratado cumplía uno de sus principales objetivos, entregarle a la gente un lugar paradisíaco en cualquier rinconcito de la Tierra.
Fue en este nuevo escenario de la evolución humana en donde el Arlequín hizo su gran aparición. La Resistencia tenía adeptos cuidadosamente ocultos entre la multitud, pero cuando llegó este tipo, su exceso de carisma y ligereza conquistó a una cachá de personas nuevas que no temían reconocer su simpatía hacia este señor tan bien educado, tan revolucionario pero dentro de las leyes que el Tratado permitía, y por lo tanto no había que jugar a ser doble agente ni encubrir nada, si hasta el Alto Canciller le prestaba ropa, y lo llegó a incluir en uno de los Ministerios más ambiciosos de este cuentito, el Arlequín se puso la 10 de las Ciencias y Tecnologías de la Seriedad Absoluta (Una contradicción que todos se encargaban de hacer notar, "te fijas en la ironía de todo? Un payaso a cargo de los asuntos más importantes y objetivos de la especie, las ciencias exactas y su aplicación a la vida cotidiana, todo hecho y muy bien hecho por un tipo que le cae bien a la gente, y no por un rarito antisocial y rata de biblioteca").
Y es que el Arlequín fue muy inteligente, usó sus estudios, conocimiento y encantos para armar una performance que la verdad es larga de explicar, y que le permitió meterse en los altos mandos y coquetear sin ser descubierto, con la Resistencia que a cada año se volvía mayor en las calles, pero q era insignificante e iba en franca decadencia según los informes oficiales del gobierno.
"Vengan pa acá washitos que los voy a hacer reír con matemáticas y físicas, con químicas y todo ese menjunje que los serios intelectuales juran que es fome". El Arlequín partía así todas y cada una de las veces sus seminarios, organizados a plena vista en los auditorios de cristal del Ministerio, que él había pedido expresamente que fueran construidos de esa manera pa que todos los monos lo pudieran ver.Se paseaba por su escenario con soltura de rockstar, sin corbata y de zapatillas. "Pónganme atención, muchachos, ustedes creen que las matemáticas son puras planillas grises para calcular la cuota de producción diaria, pero no papi! Las funciones matemáticas son una maquinita, un artefacto mágico. Tú le metes un número por un lado, la máquina hace su show allá adentro, y te escupe otro número distinto por el otro extremo. Magia pura, alquimia de la buena".
El Arlequín se detenía, bajando la voz como si estuviera a punto de revelar un secreto de Estado, obligando a los asistentes a inclinarse hacia adelante en sus asientos, porque puta que era teatral este tipo, tenía tanta gracia y sensualidá, que hombres, mujeres, awelas y enanos, todos por igual le tenían ganas.
"El problema es que el Tratado (y esas ya olvidadas plataformas de redes sociales) nos obligó a adorar la función más aburrida y penca de la historia, la función lineal. Esa weá que los siúticos del Alto Canciller escriben como
Qué hace esa maquinita? Nada po! Le metes un 5 y te devuelve un 5. Le metes un 8 y te saca un 8. Cero brillo, cero transformación, el mismísimo esfuerzo del flojo. Y si tú dibujas ese adefesio en un gráfico, qué te sale? Una línea recta, sosa y anodina. Una línea más predecible que la comida del casino. Es la castración geométrica de la imaginación humana, es algo tan charcha como repostear la idea de otro, o como secundar la opinión de otro y repetirla sin agregarle ni una miserable pisca de algo propio. Repetir por vanidad, como un bot buenito. Uff pero qué tragedia mamita!".
La audiencia contenía la respiración. El Arlequín agarraba un plumón digital y encendía la inmensa pantalla holográfica a sus espaldas, y al mejor estilo de Tony Stark, se largaba de nuevo:
"Pero la gracia de estos artefactos es que pueden ser divertidos, locos y desprolijos. Cachatesta, si empezamos a meterle curvas al asunto, a elevar los números al cuadrado, a jugar al teto con los senos y cosenos, la maquinita se desata y empieza a dibujar de verdad".
El plumón volaba por la pantalla proyectando trazos de luz:
La maquinita te dibuja una mariposa perfecta. Una mariposa matemática wn oh!, aleteando en la cara del Ministerio de la Productividad!, en otra época a eso le llamaban cine amigo"
Los rostros de mármol de los asistentes empezaban a agrietarse. Músculos cigomáticos atrofiados por décadas comenzaban a tiritar en un acto de rebeldía pura bajo las luces futuristas que ya a nadie le llamaban la atención.
El Arlequín se daba vuelta hacia el público con una sonrisa pícara y levantando una ceja, seguía su monólogo científico-chupístico:
"Y obvio, si saben hacerla, combinando un par de elipses bien puestas en la base y estirando una parábola paramétrica hacia arriba en el eje de las ordenadas... bueno, ustedes ya son grandecitos y con toda esta clase magistral ya deberían saber cómo dibujar una hermosa diuca en el plano cartesiano, lista para dejárselo de fondo de pantalla al Ministro en su monitor principal (no lo digo yo, lo dice la ciencia🤭)".
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